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Logística: clave para enfrentar el desperdicio alimentario y el costo de vida en el Perú

Ante una canasta familiar de S/ 1 816, la gestión de excedentes del Banco de Alimentos Perú surge como alivio financiero estratégico.

Logística: clave para enfrentar el desperdicio alimentario y el costo de vida en el Perú
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En un contexto donde el costo de la canasta familiar alcanza los S/ 1 816, superando ampliamente el sueldo mínimo, el aprovechamiento técnico de excedentes se posiciona como una herramienta crítica. Según Leslie Pierce, Presidente del Directorio del Banco de Alimentos Perú, esta brecha económica condena al 27.6% de la población a la pobreza monetaria. Ante este escenario, la recuperación de productos aptos para el consumo actúa como un estabilizador que mitiga la presión sobre los presupuestos de los hogares más frágiles del país.

 

 

El sistema peruano registra un desperdicio anual de 12.8 millones de toneladas de productos, una cifra contradictoria frente a los niveles de inseguridad alimentaria que afectan al 51.7% de peruanos. Esta pérdida de valor neta implica derroche de energía y transporte. No obstante, la eficiencia logística aplicada a la recuperación de inventarios permite reinsertar activos al sistema sin distorsionar los precios del mercado minorista, transformando lo que antes era un pasivo ambiental en un beneficio de impacto social directo.

La operatividad del Banco de Alimentos Perú demuestra que el hambre se combate mediante una gestión profesional. Al movilizar miles de toneladas con rigor técnico en 23 regiones, la organización canaliza recursos hacia poblaciones vulnerables, optimizando la cadena de suministro nacional. Esta logística inversa asegura que la riqueza productiva no se pierda, convirtiendo los costos de disposición de residuos en una ventaja sistémica que fortalece la resiliencia económica frente al alza constante de los precios alimentarios.

Integrar estas prácticas en la rentabilidad corporativa representa una decisión estratégica para la alta gerencia. En un entorno de alta inflación, garantizar que ningún producto apto se desperdicie es la vía más eficiente para aliviar el costo de vida. El BAP, fundado en 2014, trabaja con comedores y ollas comunes para distribuir de forma sostenible bienes que han perdido valor comercial. La logística con propósito se traduce así en una herramienta de crecimiento inclusivo para el sector empresarial peruano.

Actualmente, el Banco de Alimentos Perú opera como una entidad privada sin fines de lucro enfocada en combatir el desperdicio de manera pionera. Su labor abarca desde asilos hasta colegios en situación de vulnerabilidad, rescatando alimentos que mantienen estándares de inocuidad. Al elevar la eficiencia operativa, las empresas no solo mejoran su rentabilidad, sino que contribuyen a cerrar la brecha alimentaria severa que, según la FAO, ya afecta al 20.3% de la ciudadanía en todo el territorio nacional.